martes, 14 de octubre de 2014

A cuidarse ! ! !

La Web, fascinante y peligrosa

Ricardo Roa En Clarín el 11 de octubre de 2014

María Belén Rodríguez era modelo hasta que se embarazó hace poco más de tres años. Después o casi al mismo tiempo, alguien detectó que fotos suyas estaban en un sitio porno. Belén trató de borrar esa historia que dice nunca protagonizó. No pudo. Y denunció a Google en la Justicia. El tema lo tiene hoy la Corte.
La Web se apropió de la identidad de Belén y la trastocó. Un escrache kafkiano en un espacio de venta de servicios sexuales. Es un caso. Pero hay millones.
Nunca se corrió tanto peligro de quedar escrachado para siempre.
Internet es un archivo, el mayor archivo de memoria construido por el hombre. Es fascinante. La arquitectura se basa en el hipertexto: contenidos que se enlazan unos a otros y que los buscadores localizan y catalogan y nos los ofrecen en forma ordenada.
Es fascinante y peligroso a la vez: se aprieta enter y la información queda de por vida y de por vida puede perjudicar a algunas personas. Una memoria absoluta que las puede asfixiar, les puede cerrar el horizonte.
A veces ese agobio está fundado. Otras veces no.
Puede ser algo falso y afectar y agraviar sin sustento de verdad. Y también puede ser injusto porque trae al presente algo superado con dolor. Todo queda registrado. Acciones equivocadas que se eternizan. Y las infamias y mentiras que cualquiera puede escribir de cualquiera sin una nota al pie que diga: oiga señor internauta, usted está leyendo una calumnia o un disparate.
No hay verdad ni hay mentira. O las hay pero las dos valen lo mismo.
Internet es una gran vía hacia la democratización de la palabra y hacia la comunicación de todos con todos.
Pero no tiene modo de saber qué debe recordarse y qué no.
Afortunadamente no hay un cuerpo de vigilantes al estilo de un Gran Hermano que diga qué debe estar disponible y qué no en esa súper memoria. A Boudou le encantaría tener ese control.
No todo debe ser recordado. A veces hay que permitir el olvido para respirar sin cargar con una etiqueta injusta.
El derecho al olvido es un modo de justicia porque no siempre la memoria nos lleva a la justicia.
Aquí, ese derecho todavía no existe. Europa lo tiene desde mayo: cualquiera puede exigir a Google que olvide su nombre. Ya hay 135.000 pedidos.
El procedimiento es bien complejo porque hay que armonizar el derecho a la información y a la documentación con el derecho de cualquier persona a que se borren falsedades y a que se olviden aspectos de su vida. Y es difícil también por otra razón: ¿Quiénes deben ser los que decidan? ¿Los buscadores?
Todos tenemos derecho al olvido y también derecho a expresarnos.
La cuestión es encontrar el equilibrio entre decir y difamar, entre recordar y lapidar a alguien, sólo porque lo inmerecido o lo incorrecto queda vivo en la Red y para siempre.


Mientras tanto, cuidado con lo que publican ! ! ! 

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